
En una región marcada por el esfuerzo comunitario y el silencio institucional, la Universidad Cooperativa y Mutual Argentina (UCMA) comienza a tomar forma. El viejo sueño de una educación superior arraigada al territorio, impulsado desde hace años por la cooperativa CEMDO de Villa Dolores, ha encontrado por fin el momento, la voz y los aliados necesarios para empezar a volverse realidad.
“Una idea a la que le ha llegado su tiempo”, diría Víctor Hugo. Y ese tiempo es ahora.
Con el respaldo decidido de cooperativas del norte cordobés, y el firme acompañamiento de la vicegobernadora Myrian Prunotto, la UCMA se presenta como un proyecto que no solo busca sumar una universidad más al mapa académico argentino, sino transformar ese mapa desde sus márgenes: desde Mar Chiquita hasta el límite con San Luis, en una franja que alberga a casi medio millón de personas en más de 150 localidades.
Desde sus primeras reuniones, donde participaron cooperativas de Villa de Soto, Villa Dolores, Nono, Mina Clavero, Las Rosas y Los Hornillos, la propuesta fue clara: no se trata de fundar una universidad para una ciudad, sino de construir un corredor educativo regional, una red de saberes con anclaje territorial, sostenida por las infraestructuras existentes de las propias cooperativas y mutuales, y nutrida por las necesidades concretas de las comunidades que históricamente han quedado fuera del radar de la educación superior.
En ese escenario, la figura de Prunotto ha sido más que simbólica. Su compromiso se volvió visible desde el arranque del proyecto, donde escuchó de boca de sus protagonistas la persistencia de un anhelo colectivo. “Me entusiasmó de inmediato”, dijo. “Se trata de sembrar educación en el territorio, una educación basada en las demandas y necesidades reales de la región”.
Y no se quedó en palabras. Estuvo presente en las reuniones clave, caminó los espacios, escuchó a los actores, y asumió un compromiso directo: “Voy a seguir de cerca, incluso de forma presencial, el proceso de creación de esta universidad. Porque, con el gobernador Martín Llaryora, estamos convencidos de que la educación es el motor de todo desarrollo regional”.
Lo demostró nuevamente al acompañar la presentación del proyecto junto a intendentes, jefes comunales y autoridades provinciales, en una foto que no fue solo protocolar: fue el testimonio de un modo de gobernar que prioriza la articulación con los actores locales y valora las formas de organización comunitaria. “Esta universidad encarna el triángulo de Sábato: Estado, sector productivo y academia trabajando juntos por el bien común”, enfatizó la vicegobernadora, alineando el proyecto con una tradición argentina de ciencia y compromiso social.
Desde abajo
El camino no fue fácil. “Durante años intentamos traer una universidad a Villa Dolores, dialogamos con instituciones públicas, pero siempre algo lo impedía”, recuerda José Fernández, presidente de la CEMDO y principal referente del proyecto. Hoy, la diferencia es que la idea nace desde abajo, entrelazada con la identidad cooperativa de la región y sostenida por una gobernanza participativa, donde las decisiones no se toman desde escritorios lejanos, sino en asambleas, mesas de trabajo y reuniones de vecinos.
Una de las claves del modelo propuesto por la UCMA es que no requiere grandes inversiones en infraestructura. Aprovechará las aulas, centros de formación, espacios tecnológicos y recursos humanos que ya existen en las cooperativas de la región. “Tenemos el Citecoop, que será el soporte tecnológico de la universidad. No vamos a construir desde cero, vamos a articular lo que ya está vivo”, explica Fernández. Y agrega, con emoción contenida: “Lo más valioso de este proyecto es que nos ha permitido volver a sentarnos juntos. Hace mucho que no sentía esta hermandad entre cooperativas y mutuales que parecían haber perdido vínculos. Es un hecho inédito”.
Ese tejido humano que vuelve a activarse es quizás el mayor capital de esta universidad. Porque más allá de carreras y títulos, lo que la UCMA propone es una experiencia educativa integral: formar profesionales comprometidos con su entorno, generar conocimiento situado, potenciar el arraigo juvenil y, sobre todo, impulsar el desarrollo productivo y cultural de una región que durante décadas supo sostenerse con sus propias manos.
Prunotto lo resume con claridad: “Creemos profundamente que el futuro del desarrollo cordobés se construye desde sus territorios. Y la educación tiene que estar ahí, no como un privilegio que baja desde las ciudades, sino como un derecho que nace en cada comunidad”.
Con el acto de presentación previsto para el 23 de octubre, y con la Fundación Pedagógica Cooperativista y Mutualista Suramericana ya constituida como estructura legal y política del proyecto, la UCMA avanza con pasos firmes. El objetivo es iniciar sus actividades en 2026, con sedes regionales, un modelo en red, y un enfoque académico centrado en producción y servicios, administración, gestión ambiental y economía social.
Pero más allá de los plazos y estructuras, lo que se está gestando es mucho más profundo: una nueva forma de pensar la universidad, una que no mide su impacto en rankings internacionales, sino en su capacidad de transformar realidades locales, de generar arraigo, de sostener el sueño colectivo de que otra educación —y otro país— es posible.
Porque como dice Fernández: “No hay pueblos pujantes sin regiones desarrolladas. Y no hay país integrado sin una educación solidaria y con sueños”.